La Nueva Ventaja Competitiva Humana
- Mtro. Marcelo García Almaguer
- 8 jul
- 6 min de lectura
Actualizado: 9 jul


Ginebra, Suiza.- Si la Inteligencia Artificial pudiera determinar tu nivel de glucosa solo al escuchar tu voz, ¿qué más podría deducir sobre tu salud sin necesidad de un laboratorio? Con esta pregunta iniciamos el Summit AI for Good (9ª Edición). Luego, abordamos la IA y la religión, francamente no me imaginaba que iban a tocar el tema en la discusión: Estamos obsesionados con hacer todo más rápido, más eficiente y más preciso. Sin embargo, una persona no vale más por ser más productiva. La dignidad humana no se define por la optimización. La reflexión es contundente, la IA tiene apenas siete décadas de existencia y solo treinta años realizando inferencias. La humanidad lleva cerca de 300,000 años construyendo cultura, ética, espiritualidad y sentido de comunidad. No podemos esperar que una tecnología de reciente creación resuelva, por sí sola, las preguntas que la humanidad ha debatido durante milenios. Nadie tiene todas las respuestas.
Ni los ingenieros.
Ni los gobiernos.
Ni las empresas.
Ni las universidades.
Ni las religiones.
Todos tenemos una pieza del rompecabezas. El llamado de diversos keynote speakers del AI Summit es a crear “anclas” como marcos éticos, filosóficos y culturales que nos permitan comprender esta tecnología antes de dejar que ella redefina nuestra sociedad.

La inteligencia artificial fue concebida para liberar a las personas del trabajo repetitivo. Pero en la práctica, somos testigos de un fenómeno no previsto que está deteriorando el esfuerzo intelectual de las nuevas generaciones.
Este riesgo permanece aun invisible a muchos docentes. Es eclipsado por el aplauso de la eficiencia algorítmica que despierta la promesa de hacer más en menos tiempo. Por ello, resulta urgente abrir la conversación seria a la comunidad universitaria sobre nuevos los hábitos cognitivos que "estamos normalizando" en el aula, y que están teniendo un impacto en el campo laboral. En diversos foros, seminarios, entrevistas y cursos de capacitación, he sido enfático en cambiar el enfoque optimista de aprender prompts a enfocarlo con un llamado a no ceder ante el algoritmo y evitar a delegar todas y cada una de nuestras decisiones a la maquina. Lo que esta en juego es, precisamente, aquello que nos hace humanos: pensar.
Hoy, la ventaja competitiva ya no pertenece a quien produce más documentos o más entregables. Pertenece a quien sabe utilizar estos modelos como una extensión de su capacidad analítica, y no como una prótesis cognitiva. La IA está generando esta nueva brecha, aún no cuantificada y pasa desapercibida, silenciosamente como un ladrón entrando a una casa. Existen dos clases de egresados: quienes formaron criterio con esfuerzo y quienes dependen de respuestas inmediatas sin cuestionarlas. Dicho de otra manera, la inmediatez comienza a atrofiar la forma de pensar de los jovenes.

Durante siglos, aprender ha significado seguir un proceso cognitivo humano singular: Leer. Cometer errores. Dudar. Practicar. Reflexionar. Intentar de nuevo. Experimentar la llamada “ceguera de taller”. Alejarse del trabajo y volver con una nueva perspectiva, para así sintetizar el conocimiento adquirido. Este camino mental o escalera de formación práctica desarrollaba algo mucho más valioso que la simple acumulación de información, construía criterio. Este proceso corporativo afinaba la brújula interna de los individuos, que solo podía fortalecerse a través de la disciplina, la práctica deliberada y, por supuesto, el tiempo.
Hoy los Modelos de Lenguaje ofrecen respuestas en segundos. El problema radica no en la velocidad, sino en que los LLMs están sustituyendo cada vez más el proceso de razonamiento de muchos alumnos. Cuando dejamos de formular preguntas relevantes porque un modelo matemático responde de inmediato, según estudios del Massachusetts Institute of Technology(MIT) el cerebro pierde conexiones neuronales ya que deja de construir modelos mentales de aprendizaje propios. La consecuencia es paradójica. Una generación con acceso a más información que nunca, pero con menor capacidad para analizarla e interpretarla. ¿Podrá una mente que aún no termina de desarrollar su corteza prefrontal (hasta los 20 años se termina de formar, según neurocientificos) emitir juicios sólidos? Mucho depende del alumno.

He impartido clases a nivel de licenciatura y posgrado, y he observado cómo los LLMs están creando atajos mentales en momentos críticos del aprendizaje. La rapidez exponencial, las redes sociales, los videojuegos (incluido el metaverso), la pornografía y la dispersión de la atención son adversarios de la habilidad para concentrarse y desarrollar un pensamiento profundo. En 2015, un estudio alarmó a la comunidad científica al señalar que el ser humano pensaba como un "goldfish". Actualmente, Art Kramer Professor de Psicología de la Universidad de Northeastern, sostiene que nuestra capacidad de atención ha disminuido drásticamente a 2.5 segundos, que es el tiempo promedio que una persona puede con centrarse en una sola cosa según estudios recientes del Centro para la Salud Cognitiva y Cerebral de la misma universidad.
Históricamente, las organizaciones identificaban talento y desarrollaban profesionistas mediante un proceso escalonado de conocimiento, con prueba y error.
Un abogado recién egresado comenzaba revisando contratos.
Un arquitecto aprendía dibujando planos y trazando detalles constructivos.
Un periodista iniciaba redactando notas breves antes de abordar investigaciones complejas.
Aquellas actividades básicas constituían el laboratorio donde se gestaba las primeras bases del pensamiento profesional, el constructo de una cultura corporativa, el sentido de pertenencia, entre otras cosas. Era allí, donde se desarrollaba el criterio del aprendiz, del analista junior y del pasante. Los Modelos de Lenguaje absorbieron, en menos de 3 años, todas esas tareas básicas y funcionales. Con frecuencia me preguntan:
—¿Qué trabajos desaparecerán con la IA?
Mi respuesta es la misma de siempre: "Esa no es la pregunta correcta. La pregunta clave es:
¿Cómo educaremos a los recién graduados cuando las actividades que les ayudaban a desarrollar criterio son cosa del pasado gracias a la IA?"

Dario Amodei, afirmó en una entrevista que, "Los empleos más básicos de las empresas han desaparecido. Además, se estima un desempleo del 10% al 20% debido a la IA." Esta declaración es contundente. Es como tratar de formar un equipo de fútbol americano sin un campo de entrenamiento, sin contacto o sin realizar ejercicios que incluyan al menos golpear un dummy. Sin el esfuerzo de las prácticas y sin repeticiones, no hay forma de inspirar y crear una mentalidad ganadora. Eso sí, el partido seguirá existiendo, pero el proceso que preparaba a los jugadores para lograr resultados extraordinarios ha desaparecido.

La Nueva Ventaja Competitiva Humana. El mercado laboral sigue cambiando rápidamente. Hace 4 años, mi sobrino me preguntó qué debería estudiar. Sin dudar, le dije que estudiara código y ciberseguridad. Hoy en día, la mitad de ese consejo ha quedado obsoleta, ya que Claude genera código sin necesidad de abrir un libro. Afortunadamente, siguió la otra mitad del consejo al pie de la letra. Ahora se perfila como auditor digital.
Durante años, las organizaciones han buscado especialistas que pudieran generar entregables de alta calidad. Ahora empiezan a requerir un perfil diferente. Y no, no es suficiente con manejar herramientas de IA Generativa, ni con tener muchos años de experiencia. La auténtica ventaja competitiva emerge cuando ambas habilidades se combinan y son fortalecidas por un tercer elemento clave: el criterio profesional.
La ecuación es sencilla, y por eso, es compleja:

La forma más eficaz de elegir un perfil con esta nueva ventaja competitiva es aquel que comprende una industria e identifica mejores oportunidades. Quien tiene un conocimiento profundo de un negocio planteará preguntas más precisas. Quien entiende el comportamiento humano tomará mejores decisiones. En resumen, los que hacen un uso excesivo de la inteligencia artificial solo se limitan a ser consumidores de IA y pagar renta por el uso de la misma.

Es momento de aquilatar las capacidades exclusivamente humanas que durante años dimos por sentadas: el juicio, la curiosidad intelectual, el pensamiento crítico, la creatividad, la capacidad para imaginar y la toma de decisiones en contextos inciertos.
La nueva ventaja competitiva humana radica en cultivar lo que la inteligencia artificial todavía no puede automatizar: el pensamiento crítico. Este será, probablemente, el recurso más valioso en la intersección de las tres economías: la analógica, la digital y la algorítmica, en las próximas décadas.


